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Artículo: Cómo lavar la seda: lavado a máquina y a mano, paso a paso

Pflege

Cómo lavar la seda: lavado a máquina y a mano, paso a paso

La seda se cuida más fácilmente de lo que su reputación hace pensar. La mayoría de los daños no ocurre durante la noche, sino en el lavado: un ciclo demasiado caliente o un detergente inadecuado pueden alterar el tejido de forma definitiva. La buena noticia es que una seda indicada como lavable se limpia muy bien en casa, a menudo a máquina, siempre que se sigan unas pocas reglas básicas. La etiqueta de cuidado tiene siempre prioridad sobre todo lo demás. Esta guía explica cada paso para lavar la seda, tomando como ejemplo la seda de morera lavable, la de las fundas de almohada.

La respuesta rápida

  • Lea primero la etiqueta de cuidado. Tiene prioridad sobre todo lo que sigue.
  • El símbolo del barreño manda sobre el método de lavado y la temperatura; si lleva una mano dentro, pide lavado a mano.
  • Un detergente suave sin proteasas, o un detergente específico para seda, nunca uno para ropa resistente.
  • Cierre la cremallera, dé la vuelta a la funda y métala en una bolsa de malla.
  • Las barras bajo el barreño indican cuán suave debe ser el lavado: sin barra, lavado normal; una barra, lavado moderado; dos barras, lavado muy moderado.
  • Secadora y blanqueo, solo si su propio símbolo los permite. Nada de suavizante.
  • Para secar, siga el símbolo de secado de la etiqueta, lejos del sol directo y de los radiadores.

¿A qué temperatura se lava la seda?

El máximo se lee en la etiqueta de cuidado, y solo ahí. El nombre de la fibra no fija ninguna temperatura: dos tejidos sacados de la misma fibra pueden traer instrucciones distintas, porque el acabado, el teñido y la construcción cuentan todos. Si la etiqueta trae una temperatura de lavado, no la sobrepase. Si no trae ninguna, los demás símbolos responden antes a una pregunta más básica: un barreño con una mano indica lavado a mano, y un barreño tachado descarta lavar en casa. Un barreño sin cifra no significa que la temperatura la ponga usted. Hágale caso al símbolo y lave con el agua más fresca posible. La viscosa y el acetato, llamados durante mucho tiempo seda artificial, no son seda, y también con ellos manda primero la etiqueta de cuidado; nuestra guía sobre la seda artificial explica en qué se diferencian de la seda auténtica.

Hay una cifra que se malinterpreta a menudo: la del peso del tejido. Expresada en momme, dice cuánto pesa una seda para una superficie dada, y las fundas de almohada suelen moverse entre 19 y 25 momme. De la temperatura de lavado no dice nada: con 22 momme, igual que con cualquier otro peso, manda la etiqueta. Lo mismo ocurre con los nombres: morera y tussah designan la seda, y charmeuse y habotai, el ligamento, como explica nuestra guía sobre los tipos de seda; ninguno de ellos es una instrucción de lavado.

El detergente correcto: la elección que más importa

La seda es una fibra proteica. Igual que el cabello, está hecha de proteínas, y ahí es donde se produce el error de lavado más habitual. Muchos detergentes universales y para ropa muy sucia llevan enzimas, entre ellas proteasas, cuya función es deshacer las manchas de origen proteico. Las proteasas no atacan cualquier cosa, pero sí pueden alcanzar los enlaces peptídicos expuestos de la fibroína. Hasta qué punto influya depende de la enzima, de su concentración y de las condiciones del lavado. Mantenerlas lejos de la seda es la precaución más sencilla.

Use por tanto un detergente suave sin proteasas, o uno específico para seda. Del blanqueo decide el símbolo del triángulo: sin su permiso se descarta, porque puede debilitar la fibra y apagar el color. El suavizante, en cambio, sobra siempre: deja una película sobre la seda y le cambia el tacto.

Un apunte sobre cómo leer el envase. Los detergentes suelen limitarse a avisar de que llevan enzimas, sin bajar al detalle de qué enzima concreta contienen; algunas marcas sí lo hacen, muchas no. Mientras no se nombre la enzima, ese aviso genérico informa de poco, y que en el envase no aparezca la palabra «proteasa» tampoco demuestra nada. La lista completa de ingredientes que publica el fabricante, o un detergente vendido expresamente para seda y lana, sigue siendo la referencia más fiable.

Cómo lavar la seda en la lavadora

Prepare la prenda. Cierre la cremallera, dé la vuelta a la funda y colóquela en una bolsa de malla. La bolsa la protege del roce contra el tambor y los demás textiles.

Elija el programa. Ciclo delicado o programa de seda, sin pasar de la temperatura que indique la etiqueta. Muchas lavadoras traen un programa de seda, que por lo general trata el tejido con más miramiento.

Guíese por las barras. Son ellas, bajo el barreño, las que dicen cuán suave debe ser el lavado: sin barra, el lavado normal; una barra, un lavado moderado y con menos movimiento; dos barras, un lavado muy moderado. Estos símbolos no imponen ninguna velocidad de centrifugado, y la exigencia que un programa impone en realidad al tejido mojado depende también del movimiento del tambor, de la duración del ciclo y de la carga. Si el símbolo de secado pide dejar escurrir la prenda, renuncie por completo al centrifugado.

Lave con prendas parecidas. Mantenga la seda con textiles ligeros y de color similar. Nunca con vaqueros, toallas ni nada que lleve cremalleras o velcro.

Cómo lavar la seda a mano

Llene un barreño con agua tibia y disuelva en ella un poco de detergente sin proteasas. El agua debe estar tan fresca como pida el símbolo de lavado; si el símbolo trae una cifra, no la sobrepase. Mueva la funda por el agua con suavidad entre tres y cinco minutos, sin dejarla en remojo, sin frotar y sin cepillar. Aclare después a conciencia con agua limpia y fresca, hasta que no quede rastro de detergente.

No escurra nunca la funda retorciéndola. Saque el agua apretando con suavidad, extienda luego la funda sobre una toalla y enrolle el conjunto para que absorba lo que queda. Si el símbolo de secado pide dejar escurrir la prenda, sáltese este paso y deje que gotee.

Manchas: lo que se resuelve en casa y lo que ya no

Una guía de lavado quedaría coja sin aquello que lleva a la mayoría a abrir una: la mancha. Vaya con prudencia, porque son el frotado y el mojar una y otra vez los que acaban apagando la superficie.

  1. Actúe pronto y en seco. Dé toques para absorber lo que sobre, no frote: al frotar se mete la mancha en el tejido y se apaga la superficie.
  2. Pruebe donde no se vea. Empiece por el revés o por el dobladillo, con agua limpia y fresca y, como mucho, una gota de detergente sin proteasas.
  3. No acumule remedios. Para quitar una mancha en casa se descartan el blanqueo, las sales quitamanchas y los apaños caseros con vinagre o limón: la seda no responde como el algodón.
  4. Sepa parar. La sangre, el maquillaje graso y los colorantes marcan el límite de lo que cabe hacer en casa, igual que una mancha muy extensa. Una tintorería con mano para la seda dispone entonces de recursos que en casa no hay.

Nadie puede anticipar si una mancha saldrá del todo. Estos pocos gestos sirven sobre todo para que de una mancha no salga un segundo estropicio.

Cómo secar la seda

La secadora solo entra en juego si el símbolo de secado la autoriza expresamente; a falta de ese permiso, nuestra recomendación es secar al aire. El modo de secado también viene en la etiqueta: los símbolos separan el secado en tendedero del secado en plano y, para cada uno, la variante en que la prenda escurre, y cualquiera de ellos puede exigir además sombra. No son intercambiables. Cuando la etiqueta no trae ningún símbolo de secado, el nombre de la fibra no resuelve la duda; según las reglas de etiquetado de GINETEX, la orientación la dan entonces los símbolos de lavado y de planchado. La percha, por último, tiene una pega puramente física: mojadas, las fibras de seda son más frágiles, y al colgar la prenda todo el peso recae sobre unos pocos puntos. Ante la duda, pregunte al fabricante.

Mientras se seca, dos enemigos: el sol directo, que destiñe los colores y amarillea la seda blanca, y el radiador, cuyo calor sostenido y cuyo aire resecado adelantan el envejecimiento de las fibras naturales. La seda se seca deprisa; cuánto tarde exactamente depende de la temperatura de la habitación, de la humedad y de cuánta agua haya sacado usted.

Planchado y vaporizado

La seda se arruga. Es propio del material, no un defecto, y las arrugas se van soltando solas conforme el tejido se seca con su propio peso. Si la etiqueta permite la plancha, plánchela todavía algo húmeda, del revés, sin pasar de la temperatura indicada y empezando por una posición baja.

El vapor es una decisión aparte: el permiso para planchar no implica el del vapor. La prohibición del vapor forma parte del propio símbolo de la plancha: la plancha de un punto tiene una variante que excluye el vapor, y a temperatura baja el vapor puede dejar marcas irreversibles. Saque el vaporizador solo si la etiqueta o el fabricante lo autorizan, y pruébelo antes en una zona que no se vea.

¿Cada cuánto lavar una funda de almohada de seda?

Como cualquier funda de almohada, la seda va recogiendo noche tras noche grasa de la piel, restos de cosmética y polvo. Un lavado por semana es buen ritmo, el mismo que la ropa de cama de algodón. Si usa cremas de noche muy nutritivas o tiene la piel grasa, acorte un poco ese plazo. Tener una segunda funda para ir alternando hace más llevadero el cambio semanal. Otra guía repasa los beneficios de la funda de seda que cuenta quien la usa, y hasta dónde llegan las pruebas.

Donde la seda es de verdad exigente

La seda pide atención en tres frentes: la temperatura, el detergente y el modo de tratarla. Pide sobre todo que se lea la etiqueta y se le haga caso. Si la sola idea de ocuparse de la colada le echa para atrás, es motivo suficiente para elegir otro material. Lo mismo vale cuando regala seda, porque entonces lo que cuenta es la forma de lavar de quien la recibe; nuestra guía sobre las bodas de seda explica qué comprobar antes de comprar. Lo que pide la seda, sin embargo, no tiene nada de complicado: constancia. La temperatura que permita la etiqueta, el detergente adecuado, un secado sin brusquedades. Así, lavar seda no cuesta más trabajo que una colada corriente de prendas delicadas.

Las fundas de almohada RENESSY son de seda de morera 100 % ecológica, de 22 momme, grado 6A, certificada por GOTS, con el sello OEKO-TEX MADE IN GREEN, y con la tolerancia cutánea probada y certificada por Dermatest, pieles sensibles incluidas. Cada una llega en una caja de regalo, con una tarjeta de cuidado.

Preguntas frecuentes

¿Cómo se lava una funda de almohada de seda?

Empiece por el símbolo del barreño: es el que dice si se admite lavadora. Cuando se admite, cierre la cremallera, dé la vuelta a la funda y lávela dentro de una bolsa de malla, en ciclo delicado o de seda, sin pasar de la temperatura indicada, con detergente sin proteasas y con la suavidad que fijen las barras bajo el barreño. Si el barreño lleva una mano, lávela a mano: es además el método que más control le deja. Después séquela siguiendo el símbolo de secado.

¿Se puede lavar la seda en la lavadora?

Sí, si el barreño de la etiqueta lleva una cifra, sin mano ni aspa. Un barreño con una mano señala igualmente una seda lavable, pero pide el lavado a mano. Donde se admite lavadora, use el ciclo delicado o de seda sin pasar de la temperatura indicada, con bolsa de malla y detergente sin proteasas, con la suavidad que fijen las barras bajo el barreño.

¿A cuántos grados hay que lavar la seda?

Nunca por encima de la temperatura que permita la etiqueta. Si no aparece ninguna cifra, lea primero los demás símbolos: le dirán si la prenda se lava en casa y si pide lavado a mano. Hágale caso al símbolo en vez de poner usted una cifra, y lave con el agua más fresca posible. Cuanto más sube la temperatura, mayor es el riesgo de encogimiento y de pérdida de brillo.

¿Qué detergente es seguro para la seda?

Un detergente suave sin proteasas o uno específico para seda. El envase suele limitarse a avisar de que lleva enzimas, sin decir cuáles: consulte la lista completa de ingredientes del fabricante o elija un detergente vendido expresamente para seda y lana. El suavizante tampoco pinta nada en un lavado de seda, y el blanqueo queda sujeto al símbolo de la etiqueta.

¿Se puede meter la seda en la secadora?

Solo si la etiqueta lo autoriza expresamente. Los símbolos distinguen el secado normal, el secado suave y la prohibición; a falta de permiso, nuestra recomendación es secar al aire. El calor puede dañar la fibra proteica de forma irreversible.

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